Ruta.
Cima:Topinburu (590). Puntuable para el concurso de los Cien Montes.
Situación: límites septentrionales de los montes de Elgeta.
Dificultad: ninguna.
Desnivel y horario: 470 m. 2h.30’ (1h.25’ de ascensión).
Comunicaciones: la autopista A-8 o la N-634 son los accesos naturales a Eibar. Una vez en el pueblo, la calle Txonta nace en la plaza de Urkizu.
Servicios: casa rural Anduri
T 943585064; agroturismo Lamaino Etxeberri T 943763506 (Bergara). Bar Vidal T 943120576 (Eibar). Restaurante Mirari T 943127222 (Eibar).
Cartografía: MTN-107, Barruelo de Santullán.

Ascensión desde Eibar a esta cima de los montes de Elgeta que pertenece a Bergara.

El más destacado de los montes de Elgeta es el Topinburu, al que la ermita de San Salvador, muy cerca ya de la cumbre, le otorga personalidad propia.

El municipio de Eibar se ha desarrollado bajo las condiciones que le impone la abrupta orografía que rodea su casco urbano. Las laderas de los montes llegan hasta el mismo núcleo urbano. O quizá sería más correcto decir que sus barrios han crecido laderas arriba. Urko, situada al norte, es la montaña más conocida, mientras que, al sur, los montes de Elgeta delimitan al municipio armero. El más destacado de ellos es Topinburu, al que la ermita de San Salvador, muy cerca ya de la cumbre, le otorga personalidad propia.

Un remanso de paz que contrasta con la febril actividad del valle. Como curiosidad, hablamos de una cumbre de acceso eibarrés, ubicada en territorio de Bergara y situada en los montes de Elgeta. Una combinación perfecta para que toda la comarca se sienta identificada con este monte.

La marcha comienza en el mismo corazón de Eibar, en la plaza de Urkizu, donde deberemos coger la calle Txonta y subir entre almacenes y viejas fábricas hasta el barrio del mismo nombre. Justo al final del mismo, delante de unos columpios, nace una pista de cemento que se adentra en los pinares de la vaguada. Durante el largo paseo por la pista, la excursión no ofrece problemas.

Sólo debemos mantenernos en el camino principal, desechando varios desvíos, y ganar altura de forma suave, pero sin descanso. En el tramo final del camino de cemento, a la altura del caserío Areta Abeletxe y ya en las proximidades de la ermita de San Salvador, las rampas se hacen más duras, justo antes de alcanzar el templo (1h.00’).

Variedad botánica

El eremitorio y su entorno componen un pequeño oasis en medio del clamor urbano e industrial que asciende por las laderas desde el valle. Rodeado por una inesperada variedad botánica –hayas, plátanos, acacias, pinos, chopos…–, es un lugar ideal para buscar la tranquilidad. Y los usuarios de las bordas que lo rodean lo deben de saber muy bien.

A partir de aquí afrontaremos el tramo más montañero de la excursión, dejando por fin atrás el cemento. Detrás de la ermita, tras superar una valla, dos caminos entre otras tantas bordas se adentran en el pinar. Ambos llevan a la cumbre. El de la izquierda avanza de forma directa por el cordal y el de la derecha da un rodeo algo más amplio por los pinares que pueblan la montaña.

Seguiremos este último para alargar un poco más la excursión. La pista sigue cosechando metros sin prisa pero sin pausa, hasta encontrar un desvío a la izquierda (NE), justo cuando el bosque de alerces da paso a otro de pinos (1h.12’). Enfilamos ya hacia la cumbre, tras pasar junto a una pequeña borda metálica. La pista herbosa da un último rodeo muy cerca ya de la cima para convertirse en una senda en los metros finales. La cumbre (1h.25’), convertida en un pequeño santuario con varias placas en memoria de montañeros, está en medio del pinar, por lo que las vistas son nulas.

Para el descenso utilizamos la vía más rápida. Se trata de un sendero que desciende a la brava (N) por el pinar y bordea un bosque de cipreses antes de salir a un camino. La ruta atraviesa una plantación de pinos jóvenes y lleva hasta las bordas de San Salvador (1h.40’). A partir de aquí sólo resta el largo descenso por la pista cementada hasta Eibar (2h.20’).